
Saliendo de hiato
Escribir era difícil, especialmente cuando porque había estado trabajando en un proyecto de edición que me tenía arrancándome los pocos pelos de mi cabeza.
Escribir era difícil, especialmente cuando porque había estado trabajando en un proyecto de edición que me tenía arrancándome los pocos pelos de mi cabeza.
La multitud calló cuando Ella comenzó a cantar: “Mississippi, in the middle of a dry spell…”. Black Velvet, su canción distintiva, la que la había llevado a la fama hacía tantos años.
Ya rara vez la cantaba. Lo había hecho la primera vez que se encontraron.
Sonia subió al escenario, con su roja cabellera suelta, enmarcando sus pálidas facciones. Guitarra, bajo y batería de jazz comenzaron a tocar al unísono. El lugar se llenó de aplausos. Este era lo que habían estado esperando; la canción que yo le había escuchado cantar innumerables veces. Con los ojos cerrados, Ella comenzó a tararear y a mecerse al ritmo de la música.
La multitud calló cuando Ella comenzó a cantar: “Mississippi, in the middle of a dry spell…”.
En el primer carril de la pista de carreras de la tercera luna, la flacucha jovencita puso un pié tembloroso en la silla del dragón y, con un pequeño salto, lo montó.
Si no ganaba la carrera, el sindicato de juegos clandestinos cortaría la mano de su hermano, por haber perdido la carrera anterior. ¿Porqué, de entre todas las carreras voladoras, habían escogido que participara en la única donde los animales lanzaban fuego, siendo que eso le aterraba?
La vi de reojo, en el hombro del organillero. Parecía embelesada con a música que salía de la curiosa caja de madera. El sonriente hombre parecía no darse cuenta de su presencia. Esa fue la primera vez que vi un hada en la ciudad, pero no fue la última.
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