La máquina

La máquina

Desde el momento en que la vio, Jacinto sabía que debía tenerla. Parecía que posaba para él, detrás de la ventana.
Entró a la tienda, caminó despacio, procurando arrastrar su pié derecho lo menos posible, para pasar desapercibido por los escasos clientes, y se acerco titubeante al mostrador. La dependienta, una chica pelirroja de unos veinte años, estaba tan absorta en la pantalla de su celular, que parecía no darse cuenta de la presencia de Jacinto.